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Salimos del parking norte de la expo buscando el Ebro, y lo encontramos rápidamente.
Disfrutando de la exuberante primavera, que estalla a cada paso, recorremos el camino que nos lleva, hasta el soberbio Puente de Piedra.
El viento se convierte en protagonista, en ocasiones agradablemente refrigerante, y en otras tenaz opositor a nuestra marcha.
El sol se abre camino, a duras penas, entre oscuras y amenazantes nubes, y este panorama, nos regala preciosas visiones que tratamos de capturar para compartir con vosotros.